San Sebastián del Oeste se descubre de manera sorpresiva, no
importa cuántas veces antes fuera descrito, cada uno con su bagaje personal lo
percibirá de manera distinta. Para mí era una asignatura pendiente, uno de esos lugares
con los que uno sueña ir alguna vez en su vida, y que de pronto aparece una
oportunidad, o una casualidad de donde uno menos se lo espera, jugadas de la
vida que te permiten materializar ese sueño.
El Real de San Sebastián como se llamó originalmente data
como mineral desde 1572, en una época de las primeras y grandes exploraciones
de los españoles por la conquista del territorio, sin embargo las capacidades de
extracción y el mayor auge experimentado del Real sucede en el siglo XIX,
cuando había en funcionamiento varias minas de plata simultáneamente siendo una
de las más grandes de capital norteamericano, época en que la localidad llegó a
contar con 20,000 habitantes, difícil de imaginar cuando en la actualidad no
llega a mil.
El sitio me fue revelado como el que transmite un tesoro,
por mi querido amigo Rogelio Álvarez (qepd), que era un gran conocedor del
México profundo y que además tenía un cariño especial por San Sebastián por
haber contado con minas de su familia, que como él decía, ahora deben de valer
centavos. Pero cuando me contaba la travesía que tenían que hacer antiguamente
durante 7 días en camino de mulas desde la costa (previamente bajar en barco
desde el muelle de San Blas) y en épocas más recientes en avioneta desde Puerto
Vallarta, para aterrizar en una mínima pista sobre la cima de una montaña, para
descender por una ladera y descubrir ese pedazo de la historia de México
atrapado en el tiempo, me dije que algún día lo visitaría.
Ahora no es tan difícil, para llegar lo puedes hacer en una
hora y media de coche desde Puerto Vallarta por la carretera Nacional 70 que va
a Guadalajara por Mascota, atravesando la Sierra Madre occidental. Es una
carretera libre sin peajes, plagada de curvas por lo que no se puede ir a alta
velocidad sobretodo en la época de lluvia que aparecen sorpresivamente los
deslaves de las laderas a cada rato. Nosotros lo hicimos al revés, desde
Guadalajara porque fue a donde volamos desde Chihuahua. La carretera es segura,
está en buenas condiciones pero debes estar mentalizado para transcurrir más o
menos 4 horas pasando pueblos con topes y curvas pero eso sí un fantástico
cambio de paisaje que es una verdadera gozada para los amantes de la carretera
como yo.
Desde que dejas la carretera 70 (está perfectamente
señalizado) hay que hacer 10 km de un camino empedrado en excelentes
condiciones comienzas a transportarte al pasado, bajo verdaderos túneles de
vegetación centenaria y muros de piedra en seco decorados de musgo, te
recomiendo bajar la velocidad y las ventanillas para que comience el disfrute
de sonidos, olores, y brisas que se experimentan.
La entrada ha sido un tanto modificada por la incursión en
el programa Pueblos Mágicos, que afortunadamente solo pocos cambios se hicieron
de ese programa que lamentablemente a veces da la mención a lugares que no lo
merecen, y otras veces a los que ya por si son mágicos le quita la magia con
las obligaciones de los servicios que debe brindar, etc. Aquí han habilitado un
acceso con el nombre del poblado, un área de estacionamiento, baños, locales,
etc. Pero pasado este conecte con el presente, el resto es magia, rincones,
arquitectura tradicional de adobe, algunas veces aparente, otras encalado y
teja de barro. Topografía accidentada, callejones, plazuelas, terrazas,
vegetación, arroyos, puentes, cascadas y muchos gatos.
La imagen urbana es impecable, no hay anuncios fuera de
regla, mobiliario urbano, luminarias, aceras, todo armoniza ya sea original o
introducido, lo que ante los ojos del turista pasará desapercibido precisamente
porque solo se verá una imagen general limpia, armónica. La plaza central
modificada en los años 70 del siglo XX sigue siendo el centro de reunión de la comunidad
local y los turistas. Se localizan la presidencia municipal, el kiosco, la
parroquia, un pequeño museo, una cancha de básquetbol habilitada en una antigua
plazoleta, y algunas tiendas y restaurantes combinadas con los comercios
locales tradicionales como la carnicería, la tienda de ropa y zapatos,
panadería entre otras.
El hospedaje se realiza en casonas antiguas habilitadas como
hoteles, todos con encanto, nosotros lo hicimos en el Hotel Del Puente,
excelente relación de precio y calidad, un trato personal amable y respetuoso.
La casa debe ser una de las más antiguas de la localidad ubicada cerca de uno
de los puentes de acceso más antiguos de la localidad. Su agradable patio
central con áreas de descanso y una sala de estar con libros e información
turística, así como las habitaciones te remontan a la época de esplendor de San
Sebastián.
La comida en los diferentes establecimientos es muy local y
muy sabrosa, de precios muy accesibles pero sobretodo la amabilidad de la gente
es increíble y de apreciar en estos tiempos de prisas y disgustos de las
ciudades. No debes dejar de probar las hojaldritas de la panadería, la
mermelada de arrayán y el pozole.
Callejear, disfrutar de las vistas, del paisaje, de la
arquitectura, de los árboles de papaya, plátano, mango, aguacate, ver la niebla
en las montañas, respirar el frescor de una tarde lluviosa y una noche de
apagón por tormenta nos hizo aún más disfrutar de nuestro paso por este pueblo
realmente mágico,
San Sebastián del Oeste, Jalisco, México.
San Sebastián del Oeste, Jalisco, México.







