domingo, 16 de julio de 2017

San Sebastián del Oeste Jalisco, magia y más

San Sebastián del Oeste se descubre de manera sorpresiva, no importa cuántas veces antes fuera descrito, cada uno con su bagaje personal lo percibirá de manera distinta. Para mí era una asignatura pendiente, uno de esos lugares con los que uno sueña ir alguna vez en su vida, y que de pronto aparece una oportunidad, o una casualidad de donde uno menos se lo espera, jugadas de la vida que te permiten materializar ese sueño.



El Real de San Sebastián como se llamó originalmente data como mineral desde 1572, en una época de las primeras y grandes exploraciones de los españoles por la conquista del territorio, sin embargo las capacidades de extracción y el mayor auge experimentado del Real sucede en el siglo XIX, cuando había en funcionamiento varias minas de plata simultáneamente siendo una de las más grandes de capital norteamericano, época en que la localidad llegó a contar con 20,000 habitantes, difícil de imaginar cuando en la actualidad no llega a mil.

El sitio me fue revelado como el que transmite un tesoro, por mi querido amigo Rogelio Álvarez (qepd), que era un gran conocedor del México profundo y que además tenía un cariño especial por San Sebastián por haber contado con minas de su familia, que como él decía, ahora deben de valer centavos. Pero cuando me contaba la travesía que tenían que hacer antiguamente durante 7 días en camino de mulas desde la costa (previamente bajar en barco desde el muelle de San Blas) y en épocas más recientes en avioneta desde Puerto Vallarta, para aterrizar en una mínima pista sobre la cima de una montaña, para descender por una ladera y descubrir ese pedazo de la historia de México atrapado en el tiempo, me dije que algún día lo visitaría.
Ahora no es tan difícil, para llegar lo puedes hacer en una hora y media de coche desde Puerto Vallarta por la carretera Nacional 70 que va a Guadalajara por Mascota, atravesando la Sierra Madre occidental. Es una carretera libre sin peajes, plagada de curvas por lo que no se puede ir a alta velocidad sobretodo en la época de lluvia que aparecen sorpresivamente los deslaves de las laderas a cada rato. Nosotros lo hicimos al revés, desde Guadalajara porque fue a donde volamos desde Chihuahua. La carretera es segura, está en buenas condiciones pero debes estar mentalizado para transcurrir más o menos 4 horas pasando pueblos con topes y curvas pero eso sí un fantástico cambio de paisaje que es una verdadera gozada para los amantes de la carretera como yo. 

Desde que dejas la carretera 70 (está perfectamente señalizado) hay que hacer 10 km de un camino empedrado en excelentes condiciones comienzas a transportarte al pasado, bajo verdaderos túneles de vegetación centenaria y muros de piedra en seco decorados de musgo, te recomiendo bajar la velocidad y las ventanillas para que comience el disfrute de sonidos, olores, y brisas que se experimentan.

La entrada ha sido un tanto modificada por la incursión en el programa Pueblos Mágicos, que afortunadamente solo pocos cambios se hicieron de ese programa que lamentablemente a veces da la mención a lugares que no lo merecen, y otras veces a los que ya por si son mágicos le quita la magia con las obligaciones de los servicios que debe brindar, etc. Aquí han habilitado un acceso con el nombre del poblado, un área de estacionamiento, baños, locales, etc. Pero pasado este conecte con el presente, el resto es magia, rincones, arquitectura tradicional de adobe, algunas veces aparente, otras encalado y teja de barro. Topografía accidentada, callejones, plazuelas, terrazas, vegetación, arroyos, puentes, cascadas y muchos gatos.
La imagen urbana es impecable, no hay anuncios fuera de regla, mobiliario urbano, luminarias, aceras, todo armoniza ya sea original o introducido, lo que ante los ojos del turista pasará desapercibido precisamente porque solo se verá una imagen general limpia, armónica. La plaza central modificada en los años 70 del siglo XX sigue siendo el centro de reunión de la comunidad local y los turistas. Se localizan la presidencia municipal, el kiosco, la parroquia, un pequeño museo, una cancha de básquetbol habilitada en una antigua plazoleta, y algunas tiendas y restaurantes combinadas con los comercios locales tradicionales como la carnicería, la tienda de ropa y zapatos, panadería entre otras.

El hospedaje se realiza en casonas antiguas habilitadas como hoteles, todos con encanto, nosotros lo hicimos en el Hotel Del Puente, excelente relación de precio y calidad, un trato personal amable y respetuoso. La casa debe ser una de las más antiguas de la localidad ubicada cerca de uno de los puentes de acceso más antiguos de la localidad. Su agradable patio central con áreas de descanso y una sala de estar con libros e información turística, así como las habitaciones te remontan a la época de esplendor de San Sebastián.
La comida en los diferentes establecimientos es muy local y muy sabrosa, de precios muy accesibles pero sobretodo la amabilidad de la gente es increíble y de apreciar en estos tiempos de prisas y disgustos de las ciudades. No debes dejar de probar las hojaldritas de la panadería, la mermelada de arrayán y el pozole.


Callejear, disfrutar de las vistas, del paisaje, de la arquitectura, de los árboles de papaya, plátano, mango, aguacate, ver la niebla en las montañas, respirar el frescor de una tarde lluviosa y una noche de apagón por tormenta nos hizo aún más disfrutar de nuestro paso por este pueblo realmente mágico, 
San Sebastián del Oeste, Jalisco, México. 

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